Sep.04.2010 / 09:20 am
En busca del arpa para depertar a Aurora PDF Imprimir E-Mail

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Estaba Blancanieves en su habitación hablando por su móvil con Cenicienta; entusiasmadas, porque se acercaba el cumpleaños de Aurora a la que todos llamaban la bella durmiente y nadie sabía porqué. Cada una de ellas pensaba en lo que harían para asistir a la fiesta, Cenicienta le decía a Blancanieves:

  • Aún no sé si mi madrastra me dejará ir a la fiesta, tampoco sé lo que vestiré ese día, pues no tengo un vestido bonito, ni zapatos... mis hermanastras ya se compraron todo para ese día y a mí no me han avisado, tampoco se acordaron de comprarme... nada.

 

Blancanieves le decía:

  • Yo estoy también en las mismas... mi madrastra se ha empeñado en que ese día salga de paseo, escoltada de uno de los cazadores y no ha mencionado para nada si me dejará ir .

Mientras las dos niñas conversaban, en otro lado, Aurora estaba probándose el vestido que luciría el día de su cumpleaños, las costureras le hacían los últimos arreglos, todas comentaban lo bonita que se vería ese día, a lo que Aurora solo sonreía y les decía:

  • Estoy nerviosa y emocionada por el día de la fiesta, pero también un poco
    preocupada, porque me he enterado que mis amigas, Blancanieves y Cenicienta, no saben si las dejarán asistir...

Cuando... en eso... una de las costureras pinchó uno de los dedos de Aurora y esta cayó desmayada... se armó un gran alboroto alrededor, llamaron a los doctores y ninguno lograba diagnosticar lo que había ocurrido, pues Aurora estaba desmayada y no lograban despertarla, sus padres estaban desconsolados, decidieron cancelar la fiesta y la voz se corrió como pólvora... La niña había caído en un profundo sueño, en todos los medios de comunicación, se anunciaba que se suspendía la fiesta, porque no lograban despertar a la bella durmiente.

Cenicienta llamó a Blancanieves y con lágrimas en los ojos le preguntó si ya se había enterado lo de Aurora, a lo que Blancanieves le respondía que sí y decidieron ir a visitarla ese día por la tarde. Una vez que colgaron los teléfonos; a Cenicienta se le presentó su hada madrina y le dijo:

  • No llores mi niña, tu amiga ha caído en un profundo sueño, solamente despertará con la música del arpa que tiene el gigante.
  • ¿ El arpa del gigante? ¿ Dónde vive ese gigante? - Le preguntó Cenicienta.  Iré a pedírsela para despertar a mi amiga...
  • No será tan fácil mi niña, ese gigante vive arriba de una gran planta de judías verdes, que llega hasta las nubes, es muy malo, le gusta comer humanos. Busca a Juan para que te ayude, él vive en el bosque con su madre y es quien plantó las  judías.

Diciendo esto, el hada desapareció. Cenicienta volvió a llamar a Blancanieves y le contó lo que le había dicho su hada madrina, a lo que Blancanieves le respondió que iría con ella a buscar a Juan, ya que ella podía comunicarse con los pájaros de los bosques y éstos le indicarían el camino más corto, para encontrarlo. Ya ese día no podrían ir a visitar a Aurora.

Las niñas se encontraron al día siguiente muy temprano en la mañana, se internaron en el bosque y con la ayuda de los pájaros amigos de Blancanieves emprendieron la búsqueda de la casa de Juan. Al medio día el sol estaba tan fuerte que decidieron descansar a orillas de un río, cuando en eso se presentó un lobo y les dijo:

  • Buenos días niñas, ¿Qué hacen solas por aquí?

Las dos niñas lo miraron y le contaron que buscaban la casa de Juan, el niño que había plantado las judías verdes, que necesitaban el arpa del gigante para despertar a la bella durmiente.

El lobo empezó a rascarse el mentón mientras pensaba - Bueno, ninguna de estas niñas es Caperucita Roja... pero podré comérmelas a ellas y a ese niño Juan, si encuentran donde vive el gigante, podré comérmelo a él también y tener esa arpa... Seré el lobo más rico y poderoso del bosque...

Mientras el lobo pensaba todo eso, Blancanieves le dijo:

  • Mis amigos los pajaritos del bosque nos han indicado el camino más corto para llegar a casa de Juan y ahora estamos descansando un poco.

A lo que el lo que el lobo les dijo:

  • No hagan caso de esos pájaros, yo conozco un camino mucho más corto.

Las niñas le agradecieron, sin saber que en realidad el lobo les había mostrado el camino más largo. Empezaba a oscurecer; cuando vieron una casa, tocaron la puerta y no había nadie, entraron porque empezaban a sentir algo de frío y vieron una mesa un poco pequeña, con siete sillas, una habitación con siete camas también diminutas. Cenicienta y Blancanieves, estaban tan cansadas que se acostaron a descansar, quedándose ambas dormidas profundamente.

A la mañana siguiente, despertaron y tenían alrededor a siete hombrecitos contemplándolas; ellas se disculparon por haber entrado sin permiso y haberse quedado dormidas en sus camas, contaron lo que había pasado con Aurora y que buscaban la casa de Juan. Los enanos, conmovidos por todo lo que estaban haciendo por ayudar a su amiga, se encargaron de llevarlas a casa de Juan. Cuando llegaron, los enanos se despidieron, porque tenían que ir a trabajar.

Las niñas tocaron la puerta y les abrió una señora un poco desarreglada, que dijo ser la mamá de Juan, pero que en esos momentos él no se encontraba, porque había trepado a la planta de judías verdes; el niño se había enterado que necesitaban el arpa para ayudar a la bella durmiente y había ido a buscarla.

Las niñas, se miraron y le dijeron:

  • Señora, tiene usted unas orejas tan grandes...

A lo que la señora respondió:

  • Son para oírlas mejor.

Las niñas continuaron:

  • Señora tiene unos ojos tan grandes...

Y la señora respondió:

  • Son para verlas mejor...

Las niñas continuaron..

  • Tiene una boca muy grande también...

La señora dijo:

  • Sí... son para comerlas mejor...

Era el lobo disfrazado, empezó a perseguir a las aterrorizadas niñas que corrían por toda la casa, salieron y treparon la planta de judías verdes, seguidas por el lobo... Trepaban cada vez más alto, traspasando muchas nubes; cuando llegaron al final; vieron un gran castillo, se dirigían hacia él, seguidas por el lobo; cuando vieron a un niño corriendo hacia ellas, perseguido por el gigante, el niño llevaba en una mano una gallina y en la otra un arpa... Al pasar cerca de ellas, el niño les dijo que lo siguieran, lo cual ambas hicieron sin chistar; el lobo mientras tanto iba corriendo hacia el gigante y cuando lo tuvo cerca, lo vio tan grande y amenazador, que también decidió huir.

El niño, seguido por Blancanieves y Cenicienta; empezó ha descender por el inmenso tallo de judías verdes; había colocado a la gallina y el arpa dentro de un saco, que ató luego a su espalda; más atrás estaban el lobo y el gigante...

Cuando estaban llegando al suelo, los enanos estaban esperando para cortar el tallo, el lobo y el gigante que aún estaban arriba, al ver la acción de los enanos, volvieron a subir y hay quienes cuentan que desde ese día, el lobo se ha convertido en esclavo del gigante, pues éste perdió su gallina de los huevos de oro y su arpa. De vez en cuando se pueden oír los aullidos de lamento del lobo.

El niño que llevaba el arpa y la gallina, resultó ser el famoso Juan, dijeron los enanos; que habían llegado porque la madre de Juan había logrado escapar del lobo y había ido a pedirles ayuda.

Juan les entregó el arpa, deseando que su música despierte a la bella durmiente. Las niñas llegaron hasta donde se encontraba dormida Aurora, le entregaron el arpa a su madre, quien empezó a tocarla y en ese momento la bella durmiente despertó de su profundo sueño... Su padre estaba feliz y se anunció la gran fiesta que haría, no solo por la celebración del cumpleaños de su hija, sino también para agradecer a Blancanieves y Cenicienta lo que habían hecho por traer el arpa.

Al enterarse la madrastra de Blancanieves, se enfureció mucho, porque tendría que mandarla a la fiesta y eso retrasaría sus planes de eliminarla. Las hermanastras de Cenicienta, sintieron envidia y no le compraron ni vestido, ni zapatos; pero eso lo solucionó su hada madrina, que le envió un hermoso vestido y unos zapatos de cristal.
Por supuesto, también asistió Juan, quien le regaló a Aurora un huevo de oro.

En el bosque, mientras los enanos regresaban de trabajar, escucharon los aullidos de lamento del lobo; se pararon un momento, miraron hacia el cielo, sonrieron y regresaron a su casa cantando...

 

Gaby Higashionna.

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