Mar.10.2010 / 13:16 pm
El Pato Tato PDF Imprimir E-Mail

Había una vez, una granja donde vivía una familia con su hijo Joselito; ellos criaban muchas gallinas con sus pollitos y cada mañana podíamos escuchar al gallo Tallo entonar su conocido: Ki-ki-ri-kiiii, anunciando la salida del sol y que debían todos levantarse para comenzar sus labores diarias.

 

Cierto día en que Joselito y sus padres fueron al mercado; el niño vio a un señor que tenía muchos patitos en una caja y le gustaron tanto que le pidió a su padre le compre uno.  Su padre le dijo que ellos tenían ya a las gallinas con sus pollitos y al gallo Tallo, pero Joselito insistió tanto que se lo compraron con la condición de que él mismo se ocupara de cuidarlo.

Cuando llegaron a la granja, Joselito ya había decidido llamarlo pato-Tato, pues le pareció simpático el nombre.
Joselito le hizo un espacio en el corral para que el pato-Tato pudiese dormir y les dijo a todos:

- Miren, les he traído un nuevo amigo, se llama pato-Tato y desde hoy vivirá con nosotros.  – Diciendo esto, entró en la casa. 

Los pollitos se acercaron para conocer al nuevo integrante del corral y le dijeron:

- Pero, tú no eres un pollito... pío, pío...

A lo que Tato respondió:

- No, ya se los dijo Joselito, soy una pato cua-cua... me llamo Tato.

- Papá, mamá; miren, parece que todos han empezado a congeniar con el pato-Tato... – Decía Joselito desde la cocina.

- Eso me alegra Joselito, pero lo que me preocupa es que vuelva a aparecer el mapache-Apache y siga robándose a los pollitos, incluso el pato-Tato corre peligro ahora... – Dijo el padre.

- No te preocupes papá, no ha aparecido en un mes  con las trampas que pusiste y tal vez no vuelva.

En el corral, todos seguían interrogando al pato-Tato pero no aceptaban que viva ahí, pues era un pato que decía “cua-cua”  y los pollitos decían “pío-pío”.

El pato-Tato se sintió muy triste porque creía que iba a encontrar nuevos amigos ahí, mas no fue así.

Pasaban los días y el pato-Tato siempre se encontraba en un rincón del corral, viendo a los pollitos jugar.

Joselito venía a verlos cuando tenía que alimentarlos y pensaba que el pato-Tato todavía no se adaptaba a su nuevo hogar y que por eso estaba solo, pero que con el tiempo se acostumbraría.

Una noche en que todos estaban durmiendo, se armó todo un alboroto en el corral y tanto Joselito como sus padres salieron corriendo de la casa.

Cuando llegaron, vieron con asombro que la mayoría de los pollitos habían desaparecido, incluso el pato-Tato.
Todo era obra del mapache-Apache; así que decidieron esperar  a que amanezca para salir en busca de la madriguera del mapache-Apache, recuperar a los pollitos, al pato-Tato y darle su merecido al malvado mapache-Apache.

El mapache-Apache había metido a todos los pollitos y al pato-Tato en un costal y cruzando el lago en un bote, los había llevado a su madriguera, una vez ahí, los sacó a todos y metió en una gran jaula.

El mapache-Apache estaba muy contento.

- ¡Ah! Tengo suficientes pollitos para venderlos en el    merca y me darán mucho dinero por ellos...je,je (pensó).

En eso vio al pato-Tato y dijo:

- Oye, tú no eres un pollito.

- No, soy un pato y me llamo Tato.

- Bueno, no importa, mañana veré cuánto me ofrecen por ti también. – Diciendo eso, el mapache-Apache cubrió la jaula con una manta y se acostó junto a ella a dormir.

En la oscuridad de la jaula todos estaban muy aterrados, pero el pato-Tato les dijo que tenían que buscar la manera de escapar de ahí.

Levantaron la manta y vieron que el mapache-Apache, tenía las llaves sobre su estómago; el pato-Tato sacó la cabeza por entre los barrotes de la jaula y como tenía el pescuezo más largo que los pollitos, alcanzó llegar hasta las llaves, tomándolas con el pico.  Una vez que abrieron la jaula, salieron sin hacer ruido y fueron hasta el lago; cuando llegaron, vieron una balsa y se subieron en ella, pero el mapache-Apache venía ya detrás y sacó una lancha con motor para seguirlos.  Por más esfuerzos que hacían los pollitos y el pato-Tato; no conseguían avanzar rápido y el mapache-Apache ya se estaba acercando, en eso el pato-Tato se tiró al agua y empezó a empujar la balsa con todas sus fuerzas.  Empezaba a amanecer, pues escucharon el canto del gallo-Tallo y les faltaba poco para llegar a la otra orilla del lago.

El pato-Tato ya iba perdiendo las fuerzas, así que les dijo a los pollitos que ellos siguieran hasta llegar a la orilla, mientras él se encargaba de entretener al mapache-Apache.  Los pollitos vieron que el pato-Tato se sumergió bajo el agua y esperó a que la lancha del mapache-Apache pase por encima de él; dio un empujón e hizo que la lancha se voltee y el mapache salga volando hasta la orilla del lago, donde ya estaban (para alegría de todos) Joselito con su papá que habían salido a buscar la madriguera del malvado mapache.

Todos habían visto lo que había hecho el pato-Tato para salvar a los pollitos; regresaron a la granja, el pato-Tato fue vitoreado por todos en el corral, al mapache-Apache lo metieron en un costal y lo dejaron con el veterinario del pueblo.

Después de eso, todos los pollitos comprendieron que aunque el pato-Tato diga “cua-cua” y no “pío-pío” como ellos, pueden ser amigos.

 

Autora:   Gaby  Higashionna

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